(Pedro Langa Aguilar, en Vida Nueva). La canonización de San John Henry Newman está enriqueciendo lo que, desde muchos años atrás, era ya un copioso aporte bibliográfico en torno a su persona y a su obra.

Lo prueba el mismo autor del presente ensayo con John Henry Newman: el viaje al Mediterráneo de 1833 (Ed. Encuentro, 2019), redactado con ayuda de las cartas que el aristócrata de Oxford escribió a su familia y amigos durante los meses del insólito viaje interior que le llevó desde un “irresistible amor a Sicilia” hasta la Iglesia católica. En realidad, Víctor García Ruiz sigue este rumbo literario desde mucho antes, que por algo Ed. Encuentro le encomendó la edición, traducción y notas de Newman: Suyo con afecto. Autobiografía epistolar (2002).

Con acierto y buen temple, este bien concebido ensayo biográfico trata de contar lo que pasó antes y después de la conversión de Newman, hito singular en el itinerario de la trayectoria personal de este hombre beatificado por Benedicto XVI al término de su viaje a Inglaterra y Gales, en el marco de una multitudinaria misa celebrada el 19 de septiembre de 2010 en el Cofton Park de Birmingham, y canonizado por Francisco en Roma con otros cuatro santos, el 13 de octubre de 2019. Hace también aquí García Ruiz una clara defensa de las razones por las que, ya santo, se podría nombrar al cardenal de Edgbaston doctor de la Iglesia. Complemento de tan ágiles y fluidas páginas son una detallada cronología, selecta bibliografía, quizás en exceso dependiente del círculo del autor (hay omisiones incomprensibles), y un índice de lugares y personas relacionados con la vida del santo.

Tenemos a la vista, pues, una biografía escrita con rigurosa transparencia y soltura, no a la vieja usanza de quienes, cuando escriben, jamás se apean de la primera persona del plural, sino ceñida a la fina prosa epistolar del Oxoniense, según frase maestra a Jemima: “Siempre he tenido como gran verdad el que la vida de una persona está como reposando en sus cartas” (18 de mayo de 1863). Más que poner al pie de página un escuadrón de notas, el autor ha sabido combinar datos e interpretar frases, dispuesto a que las cartas resuenen en este libro con la rica elocuencia expresiva del anciano tractarianista de Littlemore.

Entiendo por eso que quien se lleve la obra a los ojos, tras grata y provechosa lectura –a cuyo favor juega también un relevante papel la cuidada edición de San Pablo–, dará cuenta enseguida de sus siete capítulos: familia, Oxford, católico, batallas, el Concilio Vaticano [I], cardenal, y doctor de la Iglesia. Bien hubiera estado poner más de relieve el determinante influjo patrístico a la hora de su conversión y, sobre todo, más acento en la fuerza inspiradora de este perito invisible del Vaticano II. Son páginas estas, no obstante, consonantes con el estilo moderno de la era digital y redactadas al aire epistolar con que movía la pluma aquel gran adelantado de la fe y la cultura en estrecha convivencia y con alturas armoniosas del águila real, aquel grandioso intelectual de Oxford, Augustinus redivivus y futuro doctor de la Iglesia, san John Henry Newman.

Pedro Langa Aguilar, OSA

Vida Nueva 3.215 (13 de marzo de 2021) 45.

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