(Fernando Cordero Morales, en Vida Nueva). A Isabel Gómez-Acebo la conocemos por sus escritos teológicos. En estas páginas, sin embargo, habla sobre todo la madre de seis hijos y abuela de 21 nietos. Una peculiar abuela y teóloga que recrea maravillosamente, sin alardes, el contexto del nacimiento de Jesús y lo que rodeó a María y a José en aquellos días tan inolvidables en Belén. A la preciosa narrativa, la acompañan las ilustraciones, cálidas y entrañables, de una de las hijas de la escritora, Isabel Fernández de Araoz, que entra magníficamente en el universo de su madre y brinda, además, interpretaciones personales de varias obras de arte.

El texto, bella y cuidadamente editado, está compuesto de diez breves cuentos que nos zambullen en el misterio de la Navidad. La manera de contar nos aproxima sin dificultad a los diferentes personajes del portal, incluso a algunos elementos que forman parte de nuestro imaginario colectivo, por ejemplo, las pajas que hicieron de cuna al Niño, con los que la autora desarrolla, gracias a su original inventiva, cómo la humildad y el darse hasta el final avivan una felicidad indescriptible y rebosante.

Isabel nos emplaza literalmente en Belén. Solo hace falta que cerremos los ojos o que nos acerquemos, en medio del frío, al calor del hogar para que estas escenas convivan con nuestra cotidianidad y nos hagan ver la realidad con ojos más tiernos y generosos. De cada relato podemos descubrir algunas chispas que encienden el corazón de los protagonistas del mismo y que nos salpican también a los lectores. A Isabel se le escapa la chispa evangélica a borbotones. No lo puede remediar. Así, surgidos de una fina imaginación y un corazón creyente, sus cuentos no caen en un moralismo aburrido o doctrinal, sino que prenden de pasión los corazones. Me la imagino contando estas historias a sus nietos, mejor susurrándoselas, como el mejor regalo que les puede ofrecer y herencia única para adentrarse, en medio de este mundo a veces triste y distante, en la posibilidad maravillosa de hacernos más humanos, capaces de soñar, con la familia de Nazaret.

Los ángeles y el burro

Se nos quedarán grabados en la mente esos ángeles traviesos a los que san José les enseña a jugar con una bola, convirtiéndose en precursor del fútbol. Estos seres alados no eran muy bien vistos por sus compañeros, porque no cumplían adecuadamente su misión por un continuo despiste. El encuentro con José les cambia y tiñe de humor la historia, ya que hasta san Pedro acaba dando pataditas a la pelota. La ternura de María se desborda en el episodio del burro holgazán. Maltratado, siente que sus nuevos amos son de otra pasta y se asombra. Este burrito lleva a Jesús hasta Belén en el vientre de María, le da calor al recién nacido con el buey y, ya anciano, lo portará en su entrada triunfal a Jerusalén. ¡Qué genial relación!

¿A quién no se le ha estropeado alguna figura o varias de su nacimiento? Solemos repararlas y conservarlas. Las figuras del belén son parte del patrimonio familiar. La imaginación de Isabel nos ofrece otras emocionantes historias con el zagal desfigurado o la familia en torno al belén roto, que concluye –mejor, conecta– con la pasión actual: “Me gusta este nacimiento de figuras rotas porque me recuerda el sufrimiento del mundo y que Jesús nació para estar cerca de todos, pero muy especialmente de los que lloran. Mamá, no compres figuras nuevas para el año que viene” (p. 56). Este cuento del belén roto puede animar un interesante diálogo familiar, con una rica vivencia espiritual.

Este libro es de los que cimienta hogar, familia, da ganas de leer juntos y compartir. No le faltan pastores, estrellas ni la propia luna. Tampoco los sabios que ven una luz que les lleva a seguir un camino que transformará sus vidas. Leámoslo con otros, pequeños y grandes de la casa, en estas fiestas. Y si nos atrevemos a compartirlo con esos rostros que nos salen al encuentro, seguro que prende alguna chispa de color en nuestro entorno. Creemos, ¿por qué no?, nuestros propios relatos y dibujos, como prolongación de la rica selección de esta obrita artesanal. ¡Gracias, Isabel, por compartir algo tan tuyo con sello familiar!

Fernando Cordero Morales, SS.CC.

Vida Nueva 3.252 (25 de diciembre de 2021) 43.

 

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