Verlo todo desde el amor de Dios

(Marta Medina Balguerías, en Razón y Fe). El amor es el centro de la mística, de la fe, del cristianismo, de la vida… y, como se desprende de este texto de Ernesto Cardenal, de todo. Vida en el amor es un conjunto de meditaciones que el poeta escribió estando en la Abadía de Getsemaní y que ponen ante nuestros ojos la diafanidad, sencillez y al mismo tiempo profundidad y sistematicidad de su pensamiento. No es un libro concebido para transmitir con orden y belleza las principales verdades del cristianismo, aunque sin duda las encontramos en él; es un texto surgido de la oración personal o, más bien, de la vida hecha oración, de la cual brota espontáneamente la convicción profunda de que todo viene del amor de Dios y a él está destinado.

Como apunta Thomas Merton en el prólogo, “Este libro es completamente tradicional a veces como san Agustín o los místicos del ‘desposorio’ de la región del Rin -y completamente moderno, pues no es ajeno a la visión de Teilhard de Chardin. Es también completamente sincero y sencillo, lo que ciertamente es una de las principales señales de la autenticidad de una enseñanza espiritual” (p. 19). No podríamos estar más de acuerdo. Cardenal lo ve todo desde el amor de Dios, igual que los místicos de todos los tiempos, y al mismo tiempo su comprensión del mundo en el que vivimos está teñida de evolucionismo, haciéndolo así plenamente actual.

Llama la atención la unidad profunda que subyace a toda la meditación (escrita, por cierto, “de un tirón”, sin capítulos ni divisiones de ningún tipo), al tiempo que la diversidad de elementos que aparecen en ella. El poeta nicaragüense habla de creación, pecado, santidad, eucaristía, mística, Trinidad, belleza, comunicación de Dios, matrimonio, vida consagrada, escatología y tantos otros temas religiosos y espirituales, al tiempo que menciona en relación con ellos desde el insecto más pequeño hasta la galaxia más lejana e inmensa, pasando por fenómenos de la vida humana, como el enamoramiento, la búsqueda de diversión, dinero o poder. Todo ello fluye con coherencia y belleza, sin producir en el lector la impresión de giros abruptos.

En la presente edición se han incluido, además del prólogo de Thomas Merton, tres documentos que cierran el volumen: una carta testamento del propio autor, una carta del padre Ángel García donde reflexiona sobre el “Querer y dejarse querer” y un epílogo de Óscar de Baltodano.

Resulta difícil decidir qué ideas subrayar de la meditación que Vida en el amor nos ofrece. Es un texto tan bello y único que merece la pena acercarse a él sin preconcepciones. En un momento en el que la soledad, la ansiedad, la crispación y la enemistad nos amenazan por doquier, merece la pena detenerse en estas palabras sobre el Amor, que constituye la esencia de todo y que es aquello que buscamos sin saberlo, incluso cuando aparentemente lo estamos negando (una de las reflexiones más bellas del manuscrito). Sirvan estas frases del propio autor como invitación a su lectura: “Todos los rostros heridos por la ansiedad y el deseo. […] Es como pretender saciarnos con un alimento que no llena, o con un vino que no embriaga. […] Dios está en el fondo de cada alma, el fondo del alma es infinito, y no se puede llenar con nada sino con Dios (pp. 52-53).

Marta Medina Balguerías

Razón y Fe 1.455 (enero-febrero de 2022) 125-126.

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